Cuentos
salvajes
Historias de una tiarra con corazón
de piedra y brazos de roble eterno hiriendo el cielo cambiante.
Una tierra con caderas de panilla verde acostada al borde de
los arroyos
impetuosos.
Cuentos que se cuentan con voz queda, arrimados
a una lumbre o tendidos en el prado de los días nunca
ociosos.
 Roberta
Aquel
verano Alfonso descubrió el amor, y Roberta descubrió a
Alfonso.
Alfonso está sentado sobre una piedra. Mientras silba
una tonada, desbasta con la navaja una vara de avellano. De vez
en cuando mira el paisaje que se abre ladera abajo, en un pequeño
valle de la Cordillera Cantábrica. Una brisa aún
caliente remueve las ramas de los árboles que ya se pintan
de ocre y dorado al comienzo del otoño. Levanta la vista
y se queda pensando. Las vacas están recogidas en la cuadra
y la hierba apilada en el payo. Entra en la casa. Su madre pela
patatas sobre el delantal. El hogar de leña está encendido.
En el fuego, el trípode sostiene una perola y el humo
asciende y se escapa a través del tejado de lastras de
piedra.
-Me voy para donde Lorenzo -dice Alfonso a su madre, que sigue
con su faena.
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Blanquita
... Braulio
está inclinado sobre el cauce del arroyo. En la
mano sostiene un sedal. Blanquita ve agitarse el reclamo en la
transparente lámina de agua. Braulio tira del sedal y
una trucha salta fuera del agua, da otro tirón y la trucha
cae sobre el prado. Blanquita ve al hombre más cerca y
más grande que nunca. Braulio observa como el pez boquea
y se ahoga. Le libera del anzuelo y de un golpe seco contra una
piedra, termina con su agonía. Blanquita, muda, abre mucho
los ojos.
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