La belleza
es una circunstancia cruel
La belleza es una circunstancia cruel porque
en parte es un préstamo de nuestros padres y del animal
salvaje que recorre los paisajes del sueño en la primera
mañana del mundo. Y en parte es la caligrafía que
la vida esculpe en el rostro y el alma.
Hay belleza ganada en
la aceptación de la inevitable derrota
y belleza perdida en operaciones especulativas de cirugía
inútil.
La belleza es quizá, el dialogo de adentro
a afuera y lo contrario. A veces la belleza tiene nombre y cuerpo,
una mirada
transversal, unas manos furtivas, un caminar acuoso sobre el
pavimento de los días gozosos y atormentados. Yo persigo
esa belleza extraña que me conmueve y me redime de mi
miseria ética y estética.
Hay días que la
belleza me duele en los ojos y me envenena el alma, pero yo no
la odio, tampoco la idolatro, sólo
ocurre que me es necesaria, como el aire en la mañana,
el vino en la tarde, la música en la noche y en la madrugada… Acepto
mi belleza, no como un don, sino como un duro afán, lo
que le falta al hueco para ser sombra.
A veces una brizna de belleza
asoma por entre los pliegues de la carne horrible, pero el mundo
no la ve, ciega y turbia de
maquillaje su mirada... Por eso es una circunstancia cruel, porque
no nos pertenece. Nosotros somos poseídos por la belleza.


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