Él
no lo sabía
Se despertó,
mierda, llegaba tarde a la cita, ni tiempo para un café,
se levantó se aseó y salió. Por las escaleras
encontró a un vecino, no le saludó, le caía
mal aún sin conocerle. Salió a la calle pero fue
sin prisa, total ¿para qué?, había quedado
con aquella chica, no, no era una cita, había accedido
porque ella se lo suplicó por teléfono, tenía
que contarle algo sobre su hermano, sobre sus estudios, sobre… no
le importaba lo más mínimo, si había quedado
con ella era porque la chica estaba muy buena y quizá… Llegó hasta
el café, entró, ni rastro, la verdad es que llegaba
mas de media hora tarde, preguntó al camarero, un tipo
con cara de sueño, quizá por eso tuvo que repetirle
la pregunta, sí una chica así y así, ni
idea, el camarero parecía lelo, hay que ver, cómo
está el servicio. Pidió un refresco y se sentó en
una mesa, esto no está frío, además lo pedí “light”, ¡Dios,
que cruz!, el camarero se fue, al lado de su mesa había
un grupo de chicas alborotando, ¡que niñatas! ¿cómo
dejan entrar a pipiolas en los bares?, chssss, chsss, trató de
llamar su atención con poco éxito y el camarero
que no regresaba con su pedido, inútiles, ¡paso
de todo! Salió del bar y anduvo por las calles que estaban
llenas de gente, peste de verano, turistas, podrían quedarse
en sus casas. Avanzaba contracorriente, tropezando, nadie le
miraba… “La soledad era esto”, había
escrito Juan José Millás, pero él no lo
sabía, pensó que la gente era gilipollas, sencillamente.
Su enfado se trasformó en angustia, la gente crecía
a su paso y él era cada vez más pequeño,
caminaba entre sus piernas, por debajo de sus zapatos y sus sandalias
de verano, ¿pero es que no le veían? Llamó a
gritos, pero era un desconocido entre desconocidos, un extraño
entre la multitud, entonces se preguntó ¿la soledad
era esto? Él aún no lo sabía. Sintió que
el pecho le explotaba y que las lágrimas inundaban sus
ojos, se despertó, uff, sólo era una pesadilla,
mierda, llegaba tarde, ni café ni nada, se vistió y
salió de casa, en las escaleras se encontró al
vecino, estaba a punto de pasar de largo, pero se detuvo y sin
saber muy bien por qué, le dio los buenos días.


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